Red Bull Energy Drink comenzó a operar hace 23 años en Austria. Al día de hoy se puede adquirir en más de 160 países y se vende unos 4.000 millones de veces al año. Esto quiere decir que se usan un montón de latas de aluminio para servir el producto en lugares de todo el mundo con su máxima calidad. Es obvio que tanto la producción como la distribución de Red Bull conllevan un impacto medioambiental. Red Bull es muy consciente de su responsabilidad medioambiental y se esfuerza constantemente por mejorar esta faceta con el objetivo de mantener el impacto medioambiental en las cotas más bajas posibles.
CICLO VITAL DE LA LATA
El impacto medioambiental de la lata
Cuanto menor sea la huella de carbono, mejor
Todos los pasos en el ciclo vital de una lata de Red Bull tienen su huella de carbono. En nuestra empresa llevamos la cuenta de todas las emisiones resultantes de la producción de la lata y de la bebida, así como de su transporte y refrigerado. El valor resultante es lo que se conoce como huella de carbono. Red Bull trabaja incansablemente para reducirla, ahora y en el futuro, a través de un paquete de medidas de ahorro de energía y recursos.
Menos energía y menos materias primas
Esta producción, que sigue el sistema “pared con pared”, es sólo una de las formas que tiene Red Bull de disminuir su impacto medioambiental. Este tipo de producción acorta considerablemente las distancias de transporte, por lo que se reduce la emisión de CO2, entre otras cosas. Incrementar la tasa de reciclaje de las latas no sólo reduce el uso de las preciadas materias primas, sino que también ahorra la energía que se necesitaría para procesarlas. La reducción del peso de la lata también marca la diferencia: cuanto menos aluminio se use para producir la lata al principio, menor será la huella de carbono.
Lo último en tecnología para reducir el impacto medioambiental
Incrementar la aplicación de la producción “pared con pared” u optimizar la cadena de suministro son dos de los ambiciosos objetivos que Red Bull se ha autoimpuesto para reducir todavía más su impacto medioambiental y su uso energético. Por ejemplo, la cantidad de latas que se transportan en barco y en ferrocarril está aumentando a un ritmo constante con el fin de reemplazar al transporte por carretera en la medida de lo posible. Es más, el uso de cámaras frigoríficas y de refrigerantes que sean ecológicamente eficientes es una manera muy válida de reducir los gases de efecto invernadero. Red Bull ya utiliza unas 180.000 cámaras frigoríficas ecológicas, y la idea es que a partir de ahora todas las que se adquieran en la empresa sean ecológicas también, a excepción de los pocos casos en los que nos resulte imposible por limitaciones que escapen a nuestro control.