Hernan Pitocco
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Sobre Hernan
A poco de cumplir 31 años, el único argentino y uno de los más destacados pilotos del mundo del parapente de nivel internacional, dedica la mayor parte de su vida a volar. Libre por el aire, surfeando el viento, o a bordo de los grandes jet de aerolíneas, de un lugar a otro del mundo, de una a otra de las competencias del circuito de la Comission International de Vol Libre. Y cuando descansa… ¡a volar otra vez! Y así transcurren los días de Hernán Pitocco, que ocupa el primer puesto del ranking mundial de la especialidad al momento de escribir estas líneas.
Es que cuando Hernán no está en alguna de las localidades europeas donde normalmente se disputan las cinco fechas de la Copa del Mundo de Parapente, entre mayo y agosto, o alguna competencia de Cross Country hasta completar unos 12 torneos en su calendario anual, vuela en los alrededores de La Cumbre, una tranquila localidad serrana del centro de la Argentina, su tierra natal. “A veces son muchos meses fuera de tu casa, lejos de tus amigos y familia, pero es muy importante enfocarte en lo que estás viviendo en ese momento, entrenar y competir”, explica.
2010, sin embargo, será aún un poco más exigente: la incorporación a la competencia de algunas maniobras hasta ahora vedadas por cuestiones de seguridad plantea nuevos e importantes desafíos a la tribu de los mejores pilotos del mundo, de la que Hernán es parte desde hace varias temporadas. Las nuevas maniobras sumadas al reglamento otorgarán además puntajes más altos, “así que quien logre controlar estas combinaciones estará en ventaja y con buenas posibilidades de ganar el Mundial 2010 —explica el piloto argentino—. Pienso ese será el nuevo desafío”.
¿Pero qué hace Hernán cuando no compite en las máximas de parapente a nivel internacional? En realidad, tampoco hace otra cosa que volar. Aunque en ese caso donde ha encontrado su lugar en el mundo: La Cumbre. “Ya había volado un poco en otros lugares de mi país, como Mendoza o La Rioja, pero La Cumbre me mostró otras posibilidades —explica—. Además las primeras veces que volé ahí tuve suerte y las condiciones eran perfectas…Y no fue difícil darme cuenta de que era el lugar con mejor nivel de pilotos en toda Argentina y que allí podría aprender mucho. Cuando estoy en La Cumbre paso los días enteros volando, tratando de entender el funcionamiento del viento en las montañas, principios de sustentación y cosas así… y aprovecho cada momento. Cuando vivía en Buenos Aires sólo pensaba en volver a ese lugar”.
Desde el Tejado y con…¡Un paraguas!
En realidad, un par de décadas atrás, Hernán Pitocco era un niño como cualquiera que se criaba en Buenos Aires. Excepto, quizá, por su intenso deseo de volar. Como muchos niños, se entretenía armado planeadores a escala, pero a los 12 ya había construido su propio avión a radiocontrol. Hasta que, dueño de una poderosa voluntad, pronto decidió que no se quedaría sólo con los sueños. Y un buen día decidió arrojarse del tejado de su propia casa, armado sólo de ¡un paraguas!!!!
Parece que la experiencia, milagrosamente, no tuvo mayores consecuencias. A los 16 años el joven Pitocco hacía su vuelo de bautismo en parapente, sobre los verdes llanos de la Provincia de Buenos Aires. “La sensación de estar colgado a 500 metros del suelo fue increíble —recuerda—: nunca había experimentado algo así, jamás había visto la tierra desde tal altura, ni me había desplazado con tanta libertad…”
Hoy en día quien es una de las figuras más destacadas del parapente internacional huye en cuanto puede a su casa en medio de las sierras cordobesas. A quince minutos hacia el Este se encuentran el pueblo y el aeroclub, y a igual distancia hacia el Oeste se encuentra el paraje Cuchi Corral, donde acostumbran despegar los cultores locales del parapente y el aladelta. “Buenos amigos… —dice Hernán, entornando los ojos, añorando volver a ese lugar—. Después de muchos meses rodando por el mundo, no hay nada como llegar a ese lugar y bajar un poco las vueltas, hablar español y comer unos asados… La competencia a veces es agotadora, y si de alguna manera no es lo que más se disfruta hasta que por ahí llegas al podio, también es súper importante: te mantiene en un nivel muy alto, que no lograrías si solamente volaras por volar, te da objetivos. Y esos mismos objetivos son los que te hacen disfrutar mucho más cada vuelo. Además, la competencia te permite, simplemente, viajar por el mundo, descubrir y ver desde las alturas lugares que de otra forma no podrías ni siquiera imaginar…”
Sin embargo, la intensa concentración con la que sigue la sucesión de competencias y entrenamientos en el Hemisferio Norte, el renovado desafío de cada prueba, y la dinámica de sus compromisos profesionales en lo más alto del vuelo libre y el deporte de riego en general, parecerían negar esa añoranza de las bucólicas sierras cordobesas. Es más, el mismo Hernán se ha puesto un objetivo más allá de los títulos que pudiera por ahora lograr. “Me gustaría volar aviones de acrobacia”, responde cuando le preguntan sobre las nuevas metas que se pudiera proponer.
¿Lo veremos alguna vez entre los avezados pilotos de la Red Bull Air Race? El tiempo lo dirá.